Elisa Garrido

ELISA, MARINO Y PONZÁN

Elisa Garrido, ya integrada en la Red Ponzán, recibió el sobrenombre de “Francoise” del mismo Francisco Ponzán, Hacían Marino y ella labores de mensajería y poco más, “porque en Toulouse no había apenas infraestructura”, explicaba la misma Elisa. Tanto ella como Marino eran seguidos de cerca por los gendarmes franceses, afectos al Régimes de Vichy, colaboracionistas con los nazis, como por la Gestapo.

Cuando detuvieron a Paco Ponzán, cuenta Elisa, “la encargada de llevarle la comida a la cárcel fui yo, porque nadie se atrevía y alguien tenía que hacerlo. Así que yo le llevaba la comida, la ropa limpia y recogía la sucia para lavarla. Incluso llevaba paquetes a los campos de concentración”.

En 1943 la Gestapo estaba detrás de los colaboradores de Ponzán, y por el mismo Ponzán, en un carta que envía a su hermana Pilar, sabemos de la detención de Elisa, aunque la cita como “La Maña”:

Elisa y la Gestapo

“Cuando llamaron a la puerta dije: ¿Quién hay?” y me respondieron “La Gestapo. ¿Madame Masallés? Yo respondí que sí y abría la puerta tal y como me pìdieron. Pedí que me dejaran vestirme. Entonces vieron que había una persona acostada, un miembro de la Resistencia, Rafael Melendo Erviti, y le pidieron que se vistiera y viniera también con nosotros, sin preguntar cuál era su identidad. Por eso sé que fue un chivatazo”, según el testimonio de la misma Elisa Garrido.

Con los años y la Liberación, Elisa supo que este joven había conseguido evadirse escapándose por la ventana. Melendo era uno de los mejores guías que tenía la Red Ponzán para cruzar la frontera.

Los cuatro miembros de la Gestapo se la llevaron a la Comandancia donde fue torturada. Después, y permaneció tres semanas en aislamiento, sin hablar, sometida a todo tipo de torturas y violaciones. Ella aguantó: decía que prefería la muerte antes de hubiera más detenciones.

Prisioneras de Ravensbrück en 1939
CC BY-SA 3.0 de – Bundesarchiv, Bild 183-1985-0417-15

Campos de Concentración y Exterminio. Voladura de una fábrica de obuses nazi.

Fue trasladada por la Gestapo a la prisión de Saint Michel y de allí a la cárcel de París y posteriormente a la prisión de Compiegne, antesala de los campos. El 30 de enero de 1944, junto a otras 959 mujeres, fue enviada al campo nazi de Ravensbrück. En la documentación consta que fue registrada el 3 de febrero con el número 27219 en el Campo de Ravensbrück. Allí fue sometida como el resto de reclusas al rapado de pelo (se vendía para hacer pelucas) y hay 4 meses sin esclarecer.
Volvemos a saber de ella cuando el 21 de julio de ese mismo año, fue destinada al Kommando Hasag, un complejo militar dedicado a la fabricación de obuses en la ciudad de Leipzig, junto a otro numeroso grupo de deportadas, entre ellas siete españolas más, en el que trabajaban 12 horas diarias y recibían una sopa y un mendrugo de pan. Su número de presa es el 4068. A los obreros del complejo les dijeron que eran delincuentes: esencialmente ladronas y prostitutas, a las que se reeducaban a través del trabajo y les dieron orden de no hablar con ellas. La empresa quiso pagarles con bonos para la cantina, pero ellas lo rechazaron por ser dinero de Hitler.
Elisa y sus compañeras se dedicaban al sabotaje e inutilizaban los obuses y las máquinas a menudo. Entre los sabotajes que realizó Elisa, y que inutilizó la fábrica de obuses inutilizado parte de la fábrica.
“Dejaba parte del explosivo en las bombas que, al no haber quedado bien acabadas, tenían que volver a pasar por la fresadora para ser pulidas otra vez, entonces la máquina hacía de percutor y provocaba una explosión en cadena”. 

Vuelta a Ravensbrück

Tras el estallido de parte del complejo, fue devuelta a Ravensbrück, con tan mala suerte que el convoy en el viajaba sufrió un bombardeo aliado.
En el Campo Ravensbrück fue castigada con dureza por las SS. Fue torturada y violada por los SS. Al quedar embarazada, los médicos aprovecharon el embarazo para hacer experimentos genéticos con ella y como resultado abortó. También de esta época son la graves mordeduras de perros en todo el cuerpo. La jauría le arrancó grandes trozos de carne de las piernas.
En el campo fue directamente asignada al “pabellón de las gitanas”, el nº 28, condenadas a las cámaras de gas. Estaba demasiado malherida para trabajar y sólo esperaban para gasearla. Pero ella, que apenas podía caminar sola, sacó fuerzas de flaqueza para descargar vagones de carbón y patatas hasta que, tras una paliza por unos vigilantes, fue ingresada con un brazo roto. Entró en un intercambio de prisioneros de Cruz Roja. Fue traslada a Frankfurt y, desde allí, a Dinamarca para pasar a Suecia y ser liberada en Estocolmo.

Toulouse

Finalmente, la trasladaron a París donde se reencontró con su marido, Marino, y ambos trabajaron activamente en la Resistencia hasta la Liberación de París a cargo de La Nueve. De París se desplazaron hasta Toulouse.
Nunca tuvieron hijos, por los experimentos que realizaron en el útero de Elisa los médicos nazis.
Regresó a España junto a su pareja, Marino Ruiz de Angulo, y se establecieron durante un tiempo en la población de Cortes de Navarra, en la que ella regentó una pescadería y su pareja ejerció de taxista. La pareja decidió regresar a Francia y ambos se instalaron definitivamente en Toulouse durante años, hasta su fallecimiento.